Comencé pintando desde pequeño, reconozco que con esfuerzo, no sé si porque lo artístico dominaba mi mundo interior, o me costaba creer en el exterior.
Y todos los artistas saben que lograr una estructura, es decir, caminar por un campo natural, (pero con su lenguaje de piedras y zurcos como arrugas en la piel de nuestra tierra), en vez de uno ya modelado con pavimento, postes y esquinas, mantenerse de pie es francamente dificil.
Pero cada caída me hacía mirar el cielo y las formas sugerentes de las nubes me volvían a indicar el camino.
Entré al taller del maestro Miguel Venegas, profesor de Roberto Matta, Claudio Bravo y otros grandes pintores chilenos. También comencé mi etapa universitaria, estudiando arquitectura. Todo esto era un poco rígido para mi en ese entonces, pero tuve la suerte de poder emigrar a París, donde seguí estudiando arquitectura y arte en la Escuela Superior de Bellas Artes por cuatro intensos años.
Luego con mis maletas y ya con el peso de mis recuerdos, partí a California, Los Angeles, donde seguí estudiando arte por dos años.
Después volví a Chile y solamente he viajado ya por períodos cortos a muchas partes, muchas veces siguiendo exposiciones que no alcanzan a llegar a este rincón tan lejano del mundo.
Yo mismo he tenido la suerte de exponer afuera, en Argentina, Estados Unidos, Cuba, Italia.
Y espero poder, con el tiempo, dar a mi arte la intensidad del abrazo a un hijo.